Trapos sucios: la autocensura

Texto y foto: Ana Lucía Ortega ©

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Haciendo balance sobre los inevitables desencuentros que he tenido en 2013 por la red social de Facebook, encontré un episodio que tuvo lugar el 12 de octubre. El día en que se celebra en España el “Día de la Hispanidad” también llamado “Día del Pilar”. Denominado “Día de la Raza” en la América hispana.

Hice un comentario público en mi página de autor sobre la llegada de Cristóbal Colón a dicho continente y sobre la colonización española a posteriori. Es un hecho histórico que España auspició, bajo la monarquía de los reyes católicos, aquella expedición que pisó tierra firme un 12 de octubre de 1492.

Algunos seguidores de Facebook, con todos mis respetos, se sintieron ofendidos por mi comentario, que dicho sea de paso iba sin loas de ninguna índole. Solo hacía referencia al hecho histórico que se estaba conmemorando aquél día.  Según ellos, España no descubrió el bautizado como nuevo mundo y “aquello” no era nuevo, sino una tierra con personas y una cultura propias. En este último detalle, lógicamente estoy de acuerdo, ya que América cuando fue “descubierta” –cosa que pusieron en duda por sus réplicas mis detractores- ya estaba poblada y con culturas milenarias de un enorme valor como la de los incas por ejemplo. ¿Quién podría negar esta evidencia? Pero ¿quién puede negar que Colón y España fueron los promotores de aquél hecho? Recuerdo que en año 2000 saltó la noticia de que la principal institución estadounidense de investigación histórica, la Smithsonian Institution, puso en tela de juicio la autenticidad del documento conocido como Mapa de Vinland que hasta entonces se había considerado la única prueba de que navegantes nórdicos habían llegado a las Américas antes que Cristóbal Colón.

Es cierto que algunas personas se pueden sentir agraviadas ante determinados comentarios o las “intentions” de los mismos, pero si algo debemos defender los comunicadores y periodistas de todo el mundo, es el derecho a la información, a la opinión y a la libertad de expresar –sin límites ni cortapisas- las opiniones de cualquier persona como si de una patente del libre albedrío se tratara.

Facebook ScreenshotMe incomodó que eliminasen mis comentarios de sus páginas, silenciándome. Yo no lo hice y respeté sinceramente sus opiniones. Si una persona mayor de edad cree que no fue Colón quién llegó a las Américas por primera vez en la historia, no me siento capaz ni siquiera pretendería modificar esos criterios. Por eso publiqué lo que sigue en mi  página de autor, donde sólo yo como administrador, tengo derecho a eliminar y editar entradas:

En plena efervescencia de la era de la información; cuando Wikileaks; Snowden; y las escuchas ilegales de la administración de Obama ocupan portadas en todo el orbe; ciudadanos de a pie se sienten asistidos por el derecho de silenciar las opiniones del prójimo. Menuda falta de civismo; mayúscula y vergonzosa forma de defender el derecho de expresión en una sociedad que se autodefine democrática y donde una parte de sus ciudadanos actúan creyéndose cultos; listos y libres….cuando en realidad están dando la imagen deplorable de una patética incultura. Seamos sinceros y escuchemos el dominio de un tema y también a los que no lo tienen pero tienen el mismo derecho de hablar y sobre todo respetemos la opinión del otro. Aunque no nos guste. Eso es democracia y cultura. Lo contrario es ignorancia y victimismo. Arrastrarse y pedir clemencia es más vergonzoso que hablar dando la cara.

Probablemente me pasé. Pero no pude evitarlo.

Los grandes medios de comunicación llevan años perdiendo su hegemonía. Desde que empezaron a aparecer bloggers y periodistas ciudadanos que decían lo que el público quería leer en esos diarios pero no lo encontraba. A este interesante asunto voy a dedicar mi siguiente entrada. Quizás uno de los motivos de esta decadencia del periodismo actual sea evitar la controversia, eludir llamar las cosas por su nombre, caer en la autocensura.

¿Es culpa del poder económico que sustenta a los grandes medios de comunicación?

¿Está la ciudadanía preparada para el debate público y llamar las cosas por su nombre?

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Si quieres colaborar conmigo, te agradecería que me dieses tu opinión sobre si la ciudadanía está preparada para el debate público o si es el poder económico de los grandes medios de comunicación el único responsable de la pérdida de su hegemonía.

 

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