Cuba y la eternidad

LA CUBA CONTRADICTORIA (Parte III)

Por: Ana Lucía Ortega, periodista ©

Según las crónicas realizadas por los primeros historiadores que tuvo la nación, en la villa de Santa Clara, población central del país fundada en 1689, el Cabildo ordenó a los alcaldes a publicar Bandos con la debida anticipación, para que todas las familias residentes en el campo se hallaran en el pueblo el Día de la Patrona. El castigo para los que incumpliesen la ordenanza era el pago de cuatro ducados, destinados a la construcción del templo de la villa, junto con cuatro días de cárcel. Los motivos de esta medida coercitiva según sus inventores, era la escasez del vecindario, y desde luego perseguía que hasta los afincados en los sitios más distantes concurriesen a la festividad de la virgen. Eran los años del siglo XVII.

Catedral de La Habana
Catedral de La Habana

 

Los del XX se presentaron radicalmente opuestos, aunque igualmente de coercitivos. Pero entonces la cárcel era para los que acudían a los templos, y en el mejor de los casos el escarnio público. Pero en Cuba ha habido siempre muchos listos -de los que nadan y guardan la ropa-, y aquí cabría mencionar una anécdota protagonizada por un vecino de una población limítrofe con la capital, en pleno siglo XX, – año 1959 para ser más exactos y en plena efervescencia de la llegada de los barbudos al poder-, que tuvo la astucia y la audacia de cambiar los colores del Papá Noel que en el portal de su casa representaba el espíritu navideño.  El traje rojo del famoso Santa lo pintó de color verde y la barba blanca la volvió negra para congraciarse con la apariencia que traían los guerrilleros recién bajados de la Sierra Maestra. Siempre hay personas que saben aplicar el refrán: el que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija. Génesis de la doble moral y paradigma del “cambia casacas”Fidel Castro
Este hecho aislado, donde los dobleces, la diversidad de matices, y la doble moral serían los principales ingredientes, con el avance de los años y el afianzamiento del sistema y la ética socialistas en Cuba, llegaría a alcanzar el rango de acontecimiento cotidiano y normal. Podría ser el germen contemporáneo de la Cuba contradictoria, de esa tierra erigida en el último bastión del socialismo donde los directivos se instruyen sobre capitalismo, y donde el dólar, siendo la moneda del país enemigo, circula con entera y absoluta libertad por unas calles atónitas ante la llegada de los establecimientos que pasean exultantes los membretes de “Easy Shopping”.  La única tierra donde no podría causar ningún problema el inmaterial efectodosmil, porque en Cuba entonces apenas había ordenadores o computadoras, según lo lean europeos o americanos. Los únicos que en Cuba han permanecido incólumes a los vaivenes del clima, el tiempo, o la informática, son el daiquiri, el mojito, y el Comandante en Jefe.

También permanecían inalterables las condenas a penas de uno y varios años de privación de libertad por delitos de opinión, desorden público, y asociación ilícita, entre otras figuras delictivas contenidas en el entonces nuevo código penal. Contradictorio, como todo lo que pasa en Cuba, lo era que las sentencias a tres disidentes cubanos, -dos de la Fundación Lawton: Óscar Elías Biscet y Fermín Scull Zulueta, y a un miembro del grupo Cinco de Agosto: Eduardo Díaz Fleitas-; se hicieran públicas el mismo día en que Washington diera a conocer en febrero del 2000, el informe anual del Departamento de Estado sobre violaciones de los derechos humanos en Cuba.

En la Isla todo seguía igual mientras en Washington ocurría un hecho insólito al acudir a la huelga de hambre un diplomático cubano de apellido rimbombante –José Imperatori- que pretendía demostrar lo mentirosos que son los gobernantes estadounidenses acusándolo de espionaje en febrero del año 2000; y por esas mismas fechas  un niño cubano de seis años vivía la doble odisea de su vida: si el pequeño balsero Eliancito hubiera sido un pantalón vaquero , habría protagonizado una fantástica y demoníaca imagen publicitaria demostrando la fortaleza de las costuras con la familia tirando de las patas, la de la madre hacia un lado y la del padre hacia el opuesto. En Cuba todo seguía exactamente igual. No había tenido lugar ningún cambio. Desde el ya histórico pupitre de alambrón soldado de Eliancito, emplazado en un lugar estratégico de La Habana, para que fuera aclamado y vitoreado por la multitud que apoyaba a Castro y a la familia triste del niño, evidentemente; hasta las jineteras que merodeaban mucho más sutilmente por zonas hoteleras y turísticas. Aquél año 2000 se llamó en Cuba “Año del 40 Aniversario de la Decisión de Patria o Muerte”.

La foto que conmocionó al mundo
La foto que conmocionó al mundo

Diez años más tarde, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos volvería a publicar en su informe anual de 2011 varias “consideraciones sobre la situación de los derechos políticos en Cuba; ….restricciones al derecho de residencia y tránsito; privación de libertad de los disidentes políticos; restricciones a la libertad de expresión; y defensores y defensoras de derechos humanos.” Incluiría además un reparo sobre las sanciones económicas y comerciales impuestas contra el Gobierno de Cuba reiterando “su posición en cuanto al impacto que generan tales sanciones sobre los derechos humanos de la población cubana, por lo cual insiste en que el embargo debe terminar.”

“La Comisión observa – continuaba el informe anual de 2011- que la información disponible sobre la situación de derechos humanos en Cuba es escasa, como consecuencia de una política de Estado destinada a restringir el flujo de información. (…) y ha recibido información en más de una ocasión sobre alegaciones de tortura ocurridas en la isla, pero las restricciones al acceso a la información impuestas por el Gobierno cubano hacen imposible a la Comisión verificar la veracidad de dichas alegaciones. Esto constituye un obstáculo al trabajo de la Comisión y no es consistente con las obligaciones que el Estado de Cuba ha adquirido a nivel internacional.”

Podría llamar la atención por qué el pueblo cubano no se ha sublevado masivamente contra la dictadura comunista de los Castro y ha permitido la imperturbabilidad de la vida en la Isla hasta hace relativamente poco tiempo. Basta echar un vistazo al preámbulo de la Constitución Cubana –según dicen ratificada por más de ocho millones de electores en el año 2003- para tener constancia en pocas líneas de la trayectoria de insumisión de este pueblo a lo largo de varias centurias: desde los aborígenes, más tarde los esclavos, luego los patriotas que se alzaron contra el colonialismo español y los que continuaron haciéndolo durante la República contra la explotación del capital.  Contradictorio.

La rebelión hoy tendría que surgir del propio pueblo que aupó al poder a los Castro y esa masa está hoy presa del miedo, sepultada bajo la infernal maquinaria compuesta por los amigos-vecinos-familiares delatores, insegura de prosperar fuera de la isla flotante devenida una cárcel sin muros. Prefiere vegetar segura, a triunfar pagando el tributo de ser una víctima de la represión física y psíquica del totalitarismo. El cubano que se rebela contra el sistema se enfrenta a perder el trabajo, viéndose constreñido a buscarse la vida en la economía sumergida; a vivir acosado por la policía política; a que sus hijos sean víctimas de miradas inquisitorias en los colegios y a que su familia sufra la misma suerte. Es lo mejor que puede pasarle; lo peor es dar con los huesos en la cárcel por tiempo indefinido. Quizás la Primavera Negra del año 2003 fue de los primeros eventos de insurrección mayúscula que saltaron a la palestra. Evidenció que en Cuba estaba empezando a desmoronarse el status quo de la permisividad a los desmanes de la tiranía. Le seguiría el movimiento de las Damas de Blanco.

Había empezado a aflorar, como punta de iceberg, la angustia acumulada durante tantos años de represión y silencio.

Continuará…

 

Ana Lucía Ortega  ©

Bibliografía consultada:

Constitución Cubana 2003

Gaceta Oficial de la República de Cuba

Venezuela Rebelde. Solidaridad versus dinero.

Informe Anual comisión interamericana de derechos humanos

Periódicos Granma (Cuba), Juventud Rebelde (Cuba) y El País (España)

Archivo personal de la autora

 

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